sábado, 27 de agosto de 2011

Entre Meditacion y Poesia

La meditación es dejar que la realidad fluya atreves de mi, haciéndome a un lado. Es quitar el lenguaje violento y permitirnos volver al primer segundo de vida, donde no hablábamos sino que solo éramos una escucha.

Platón dijo que éramos animales que hablábamos, pero prefiero quedarme con lo que dice Hugo Mujica, proponiendo que somos animales de escucha. Porque cuando de verdad oímos, el mundo pasa libre atreves nuestro y podemos realmente experimentar la vida. No aquella vida que Yo creo cuando nombro la "cosa"-esa montaña, el árbol, la toalla-sino esa vida que no ha sido pensada. Incluso la mente desaparece, puesto que la mente deja ser necesaria para nombrar el mundo.

De la poesía a la meditación hay un paso cuando el poeta no le habla a la “cosa”, sino que la “cosa” le habla al poeta y atreves del poeta habla la “cosa”. Para eso es necesario, sin embargo, un estado de vacío, para que así la “cosa” se experimente a través de mi consciencia (la consciencia del poeta) y no sea Yo quien la experimente, porque incluso ahí no soy Yo quien la experimenta, sino la cultura y la familia que construYo ese Yo.

Entonces he aquí el sacrificio simbólico de Jesús, dejarse morir, aceptar la muerte del Yo para regresar al Padre de los cielos, regresar a Dios. Detener el nombramiento de las cosas y dejar que las cosas se nombren y se experimenten a sí mismas a atreves de mi. Subyugar el ego de Yo Soy y dar paso a la experiencia del vacío, del todo sin nombre.

Es así como el pintor no es el que pinta el objeto, sino que es el objeto quien se pinta a través de las manos del pintor absorto en su silencio. Así también como el poeta meditativo deja su ser a merced de las corrientes de la vida, para que esta se exprese atreves de él, con las herramientas que él, alguna vez, habrá cultivado.

En oriente esto es una forma de vida de la tradición Zen, en su meditación (Zazen) y poesía (Haiku), usando el lenguaje solo como un puente (siempre imperfecto) entre la vida y el ser humano racional.

¿Pero sigue siendo el Ser Humano ajeno aun a la realidad, solo siendo un medio para…? Pues no, pero no todos logramos realmente hacerlo. Retomando nuevamente las palabras de Mujica, no es la palabra lo que nos expresa, porque no es lo constituyente del ser humano, sino que nos fue dado, sino que el silencio, y del silencio nada se puede decir, sino solo escuchar. Entontes el mayor regalo que podemos darnos no es usar el lenguaje para iluminar nuestros egos, sino que usar la escucha para conocernos en cada segundo, antes que la palabra misma aparezca.

Por lo tanto, ¿qué es sentarse a meditar? .Es sentarse a escuchar, a escucharnos, a escucharme, a que la vida me atraviese y me experimente y poder experimentarla como ella se manifiesta a mi pequeño Yo. Es, por último, sentarse un momento al lado de la vida y reconocernos como la misma cosa.

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