sábado, 10 de diciembre de 2011

"Entre los jardines de preguntas. Humildes o vistosos, hay uno donde balbucea el alma, se nos va la existencia, palidece el tú y nos espera el color azul. El tiempo fluye jadeante, el mundo tiene cierta consistencia fantasmal y casi entramos en la nada. Somos pregunta, estamos en el asombro definitivo. Allí, el azul advierte nuestra soledad y nos da simpatía, mientras nos bañamos en la extrañeza ...que somos nosotros mismos. Lo innombrable, el ultimo terreno del ser, el abismo, el origen. El misterio. Por un instante hacemos una relación desde las galerías de la infancia: la adivinanza. Una adivinanza grande.
¿Por qué? ¿Por qué todo? ¿Por qué tu? ¿Por qué el ser? ¿Por qué el ser y tu y los otros y lo otro y yo? ¿Por qué el misterio? ¿Por qué no estamos permanentemente en el misterio? ¿Por qué?¿Por quién?
En el jardín del asombro, cada pregunta tenía dentro esa pregunta fundente.
El tiempo, como distraído, dejaba de fluir.
El mundo se convertía en paciencia por lo humano.
Los demás cambiaban cifras, rostros, pieles.
La pregunta, inocente e infinita, sin saber que la buscaban, mostro, desde las galerías niñas Azules, que el mundo y el tiempo eran adivinanzas.
¿Por qué no estamos en el porqué?
¿Por qué no miramos la adivinanza?" (Luis Weinstein, extracto de El Jardin del Asombro y del Color )

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